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Fundación Parentesis - Hogar de Cristo

PROGRAMAS PREVENTIVOS: DESDE LA REACCIÓN A LA PLANIFICACIÓN

El consumo de alcohol y otras drogas de jóvenes escolares, y sus conductas de riesgo, pueden ser abordados de manera eficaz a través de la elaboración de un Programa Preventivo, en el que se involucre a toda la comunidad educacional.

No es de extrañar que tanto apoderados como profesores estén preocupados por el nivel de consumo de alcohol y otras drogas en los jóvenes. Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destacó el alto grado de consumo anual de los adolescentes de 15 años en los integrantes de la OCDE, siendo preocupante la temprana edad en la que comienzan a beber y los riesgos de salud que ello implica. (Ver nota 2). Más allá de las cifras, lo cierto es que el consumo de drogas lícitas o ilícitas en menores de edad siempre será de riesgo, debido a los potenciales daños a la salud y al desarrollo de los jóvenes. Ante esta temática, por lo general, en los establecimientos educaciones se tiende a reaccionar más que a realizar un programa preventivo a mediano o largo plazo. Se reacciona cuando se sabe de estudiantes intoxicados por ingesta de alcohol, de jóvenes que consumen drogas en los baños, o algún accidente derivado de las sustancias. El problema de esta forma de abordar un tema tan complejo, es que no se está desarrollando un plan que genere una Cultura Preventiva y una gestión que advierta de situaciones de crisis con los alumnos.

Cuando un programa preventivo no está dentro del ADN de una institución, y por ende, en su cultura, no se destinan horas de recursos humanos a la generación y sustentación del programa. Por lo general, es un tema traspasado al docente o administrativo con motivación en el tema. Por lo tanto, al no haber un gestor permanente, no se genera una cultura ni un plan evaluable.

“Lo habitual es que creer que el tema se resuelve con un experto que dé una charla sobre cómo hacer prevención, o el testimonio de alguien que hiso tratamiento. El problema de esa forma de abordar la prevención, es que no se hacen cargo las necesidades y los factores de riesgos específicos de ese colegio. Entendemos la prevención como un conjunto de acciones planificadas que se hacen en el día a día y que abordan a todos los estamentos de la comunidad”, dice Carlos Vöhringer, Director de Asesorías y Servicios Clínicos de Fundación Paréntesis.

Programa Preventivo Un Programa Preventivo puede ser desarrollado en dos etapas, con resultados medibles a mediano plazo. Durante la primera etapa, se realiza un diagnóstico cualitativo y cuantitativo que se aplica a los diferentes integrantes de un centro educacional. Junto con ello, se convoca a estudiantes, apoderados y docentes para crear un equipo preventivo, el cual liderará las actividades. En esta etapa, se entrega al colegio un programa, el diagnóstico, el protocolo normativo y asistencial, y el plan de acción que deberá implementar el equipo preventivo. Precisamente, la segunda etapa en la construcción del programa, consiste en ejecutar las acciones determinadas por el plan. El objetivo de esta etapa, es poner en marcha las actividades planificadas a partir de los diagnósticos y monitorear la efectividad de su aplicación. Lo que se espera con el programa preventivo, es que el colegio genere una estructura que no sólo responda ante situaciones de contingencia, si no también que sea una organización que piense y promueva una conducta saludable y segura, con protocolos y códigos que permitan a todos sus integrantes saber qué es lo que se debe hacer o no ante situaciones específicas.El Área de Asesorías y Servicios Clínicos de Fundación Paréntesis cuenta con una ATE y un OTEC que permiten a los establecimientos educacionales hacer de los recursos por Ley SEP y la franquicia tributaria de Sence.